Aquella tarde gris estuve caminando sin rumbo, necesitaba salir de casa, aislarme de la realidad, pensar en que hicimos mal para estar tan separados, empecé a caminar y me fui a un mirador que había en Granada. Tuve que subir muchas cuestas para llegar allí. Por el camino vi casas pequeñas, blancas a punto de derrumbarse, el suelo era de piedra, estuve caminando un buen tiempo hasta que encontré una foto que me resultaba familiar, pasé mis dedos sobre ella y en aquel instante recordé lo maravilloso que era el amor contigo, me quede recordando aquellas palabras tan bonitas que me dijiste, de repente oí un pájaro cantar y volví a la realidad. Me quede con la fotografía y seguí caminando. Más adelante vi niñas jugar a la comba y los niños al balón, en ese preciso instante una de las niñas se cayó y un niño fue a recogerla, que precioso detalle por su parte, me quedé parada y mi mirada se quedo fijada en ellos, a si es como empezó nuestra historia. 


Cuando quise despertar de esos recuerdos, delante de mí estaban los niños y me preguntaron si estaba bien. Les contesté con una sonrisa y una pequeña lágrima en mis ojos que se iba desvaneciendo por la mejilla.


Camine tanto que quería parar, pero ya quedaba poco, ya veía una plaza grande y gente, así que me apresure y cuando menos me lo esperaba ya estaba allí, mirando Granada, me senté en un banco y dejé la fotografía entrelaza en mis dedos. Al rato noté como alguien rozaba mi dedo meñique y me recorrió un escalofrío. Sin darle importancia yo seguía a lo mío, seguía mirando aquellas magnificas vistas.

— Roberto, te echo de menos. — Dije en voz baja, sin darme cuenta — Ojala estuvieses aquí conmigo, de nuevo, para poder arreglar lo nuestro. — Volví a decir mientras cogía la fotografía y le daba un beso.


Cuando quise subir la cabeza para seguir contemplando las vistas ya se estaba haciendo de noche. Torcí un poco la cabeza para poder ver el cielo estrellado, y entonces oí como el chico que me rozó antes hablaba de esa estrella, ese chico sabía nuestra historia Roberto y en un pequeño silencio oí como me susurraba al oído y note que era tu voz, me di la vuelta y me quede estupefacta por aquel beso que recibieron mis labios. Me paralicé y me quede saboreando ese beso que tanto añoraba. Abrí los ojos y vi que eras tú, me quedé aún más quieta, me cogiste la mano, nos levantamos, nos pusimos cara a cara, mis ojos estaban tan brillantes al verte, se me cayeron lagrimas de la emoción y en ese momento me dijiste que desde ahora todo iba a salir mejor, me cogiste la otra mano.


— Sara te he estado buscando todo este tiempo para reconciliarnos y para decirte que sin ti no puedo seguir adelante, tu eres la última pieza de mi rompecabezas, quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Te quiero. — Dijo mientras sostenía un anillo de compromiso entre su pulgar y el índice.


Llore más, mis lagrimas se mezclaron con las de tristeza, emoción y alegría y sonreí, le sonreí porque no pensaba recibir tal noticia.



Sí quiero, te quiero a ti. — Le dije mientras le abrazaba a la luz de la luna.

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