viernes, 12 de junio de 2015

Aire Fresco


Al salir del coche se dirigió a un camino de tablas, se descalzó para tocar la suave y caliente arena que se metía por los dedos del pie, haciéndole cosquillas a cada paso que daba. Se le formo una pequeña sonrisa en la comisura de los labios. Siguió caminando y se encontró la playa vacía. Se encontraba en su playa favorita, Berria. Colocó la toalla y la sombrilla. Al quitarse el reloj vio que eran las cuatro de la tarde y lo guardo en una de las cremalleras de la mochila.

Cogió el libro que estaba a punto de terminar. Antes de tumbarse puso una almohada para el cuello, se tumbo en la toalla y empezó a leer “si me dices ven lo dejo todo… pero dime ven”. Más tarde se hecho una cabezadita, no hizo falta que se tapase con nada, el sol le daba en las piernas y el cuerpo mantuvo el calor. Intento no pensar en nada para poder relajarse. Y así lo hizo.


Al despertar, se encontró con un grupo de pájaros, no muy lejos de donde se encontraba ella, cogió la cámara y empezó hacerles fotos. Después de un rato, fue andando a unas lágrimas del mar que  habían causado las olas. Hizo “Clicks” a un cangrejo que se estaba resguardando de las olas que chocaban con las rocas y en ellas se formaba espuma. Fue acercándose a la orilla, estuvo dando un paseo, cuando se quiso dar cuenta se le habían mojado los pies, el agua estaba fría y le costaba más hacer las fotos ya que empezó a tiritar y salían movidas. Salió y no muy lejos de allí siguió con lo que más le gustaba hacer fotos. 

Hubo un momento en el que se tuvo que tumbar en la arena medio húmeda medio seca para poder pillar a las gaviotas acercándose al agua. Siguió caminando hasta el otro extremo de la playa, al retroceder puso el trípode e hizo un montón de fotos, quiso capturar el atardecer en la playa y lo consiguió. Fotografío todo lo que estaba a su alrededor. Al regresar, guardo la cámara, quito la sombrilla y se sentó para seguir contemplando esas vistas tan maravillosas que tenía en frente. Se quedó sentada hasta que desapareció el sol. Recogió todo y se dirigió hacia el coche, cada cinco pasos que daba se giraba para seguir contemplando su lugar favorito. Donde solo existe el silencio y la tranquilidad, donde puede estar a gusto y relajarse, donde puede pensar con tranquilidad y por un momento ser libre.

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