domingo, 11 de septiembre de 2016

Estrellas fugaces

Era de noche, cuando me dirigía hacia la playa. Estiré la toalla, me quite el calzado y me tumbe.
Me quedé mirando las estrellas, todas y cada una de ellas. 

Había suficientes estrellas como para admirar todas.
Tan diminutas y lo que pueden llegar a brillar.
Cuando miraba el cielo y las veía todas juntas, parecía que se estaban cayendo hacia abajo. Y cuando mirabas una estrella en concreto, el resto del cielo se volvía completamente oscuro, más de lo que estaba antes, al cabo de un rato, el resto de estrellas fueron desapareciendo.

La primera estrella, se desvaneció tan rápido que apenas se pudo ver. 
Pasado un largo tiempo pasaron otras dos seguidas.
El giro de mi cabeza iba aumentando.
De todas las estrellas que dejaron una huella en el cielo sólo me dio tiempo a pedir dos deseos. 
Fue más que suficiente.

De lejos se podía escuchar el mar, se oía como chocaban las olas con las rocas. Como iban y venían. 
Si cerrabas los ojos podía escuchar de cerca los grillos.
Se respiraba aire puro.

Se estaba de maravilla, tanto que podría quedarme dormida. 
Estaba tan serena y tan tranquila que los párpados se me cerraban, pero rápidamente los abría, no quería perderme el paisaje. Cosas así pocas veces se ven. 

Había estrellas que se deslizaban por el cielo, otras que parpadeaban y cuando menos te lo esperabas se convertían en estrellas fugaces. 

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