martes, 22 de noviembre de 2016

ASUNTOS PENDIENTES 2º


SEGUNDA PARTE


Cerró sesión y siguió escribiendo.

Sólo la llevo media hora, pero media hora larga para terminar aquello que le quedaba por hacer. Dio al botón de imprimir, se levantó y de nuevo pudo estirar las piernas. estuvo recorriéndose todo el departamento 3, qué ahí es donde se encontraban las fotocopiadoras e impresoras de esa planta. Estaba muy apartado de los despachos y se encontraba en una habitación pequeña y con exceso de calor. cuando llego a su escritorio Paula, directamente se quedo de pie, estaba ya bastante cansada de estar prácticamente todo el día sentada. 
Archivo todos aquellos documentos que desprendían calor y los guardo en una carpeta de color rojo, que luego eso mismo iba a guardarse en un armario que se encontraba a su izquierda.

Después de ordenar el escritorio, cogió el bolso, el abrigo y fue a llamar al ascensor.
Al abrirse las puertas, se encontró con que el ascensor lleno y había un olor desagradable. Aunque es verdad que por un instante no iba a entrar, pero se dijo, "vamos a ver salen todos ahora de la oficina, normal que huelan a cerdo, perdón, salimos, yo también me incluyo. Por que hacía tal calor dentro en las oficinas, como frío en la calle y bueno quieras o no siempre se coge algo de olor, y tampoco es que digamos que las oficinas huelan a frescor, si no a un producto algo incómodo de oler, pero bueno. Ya llevas bastante tiempo ahí que te acostumbras a todo". El caso es que a pesar de estar abarrota, entró, y al ser delgada y diminuta se incorporo perfectamente en el ascensor, se encontraba en unos de los laterales, enfrente suyo había un espejo, y detrás de ella ahí se encontraba el, con la chaqueta abierta y a la vista su corbata azul de rayas rojas junto con sus tirantes. Los labios de Paula iban formando una sonrisa a la que él la respondió apretándola el culo y fue acercándola más al cuerpo de el. 

Había demasiada gente para saber que estaban tramando ellos dos, ahí uno detrás del otro, juntando sus partes íntimas. No había tardado mucho en acariciarle los muslos, metiendo la mano por debajo de la falda, tenía el cuerpo frío y el tacto de sus manos en su piel, tuvo un escalofrío acogedor, en el que ella echo el cuello hacia atrás y el no pudo resistir la tentación de morderla el cuello, sus manos fueron subiendo hasta llegar a su sexo, que se encontraba a disposición de el para que le hiciese lo que quisiese. Ella al notarse tan excitada le agarro del pantalón, no era cómodo tocarse en esa postura, cuando todo el personal estaba delante de ella, intentando que se abriesen las puertas para que por lo menos pudiese salir la gente, y así poder tocar a su jefe como a ella le gustaba. Cuanto más se tocaban más entrecortada tenían la respiración.

El ascensor se paro en la planta 5 donde se bajaron dos personas, volvieron a cerrarse las puertas, ellos dos tenían más cosas pendientes de las que ocuparse en ese preciso momento, no se dieron cuenta de quién había salido, como del que había entrado. Francisco solo podría pensar en ella y en la entrepierna que tenía a su disposición. Subió la mano para tocarla y fue acariciando el clítoris como a ella le gustaba de un lado a otro, rápidamente fue introduciendo sus dedos en el sexo, de repente la dieron un empujón tan fuerte que Paula gimió de placer, alguno de los presentes fueron dando la vuelta, pero no les dio tiempo ya que de repente se apago la luz y se quedaron parados. Por lo que dejaron de saber cual había sido ese ruido y se centraron más en saber como pedir ayuda. Estuvieron varias veces dando al botón de alarma, pero nada. Paula y Francisco siguieron a su rollo, mientras que el resto averiguaba como salir de ese cubo asfixiante y estando a oscuras tenían más oportunidades de tocarse más. Cuando Paula se dio la vuelta se encendieron las luces y rápidamente se puso bien la falda. Todos los del ascensor se bajaron en la planta cero, incluido ellos.


Paula se abrocho el abrigo y una voz ligera le susurro al oído; "¿Qué haces?"Paula para no llamar tanto la atención dijo, "mis tripas están dándome guerra y me gustaría ir a comer". Finalmente sin que nadie los mirase se dio la vuelta y le dio un mordisco en el labio inferior.

Salió del edificio y una borrasca de aire frío se le metía por el cuello. No había forma de escabullirse.Con un andar rápido cruzo el paso de cebra y al bajar dos calles a mano derecha encontró el restaurante la Tagliatella. En seguida la atendieron, solía ir allí dos veces por semana, esta vez no tenía muchas ganas de llegar a casa y ponerse a cocinar. El camarero ya le conocía de las anteriores veces y cuando ella se había quitado el abrigo y lo había dejado en la silla de enfrente ya le habían traído una copa de lambrusco rosso el resto ya venía solo, pues el camarero ya la conocía, cada día que iba allí, la sorprendían con un plato diferente. Esta vez la habían dado un plato de pasta, cuando llevo el tenedor al plato pudo oler el aroma que llevaba el plato y cuando lo probo, cerro los ojos de satisfacción. Por lo que podía degustar, juraría que llevaba piñones ya que se podía comprobar que al comerlo se le quedaba la boca un poco áspera, almendras trituradas con una salsa de queso y albahaca por encima.

Cuando termino de comer y disfrutar de ese magnifico plato de pasta, que a pesar de lo grande que era no estaba nada llena, se pidió un sorbete de limón al cava. Cuando salio del restaurante y siguió el mismo camino que había echo hace una hora y media. Dio un largo suspiro y antes de cruzar, vio a un hombre alto y rubio, ya la había visto antes, no le dio tiempo a decirle nada, ya que cuando fue a hablarle se desvaneció entre la gente. “Qué guapo, ya podría encontrar a este tipo de hombre todos los días” Pensó para mis adentros.

Pulso al botón del ascensor, la planta se encontraba solitaria, ahora que no había nadie fue al despacho del Señor Francisco para coger dichos documentos, estaba todo a oscuras no quería encender la luz por si acaso algún compañero la veía remolonear por esa zona. A su vez miró a los alrededores de su despacho para ver donde se encontraban las bragas ya que empezaba a tener frío. Empezó a mirar por los cajones de su mesa de trabajo y encontró otras cosas, que rápidamente se lo guardo aunque es verdad que siguió mirando. Alguien estaba intentando abrir la puerta del despacho por la puerta en la que la había echado antes, rápidamente se escondió detrás de un armario que se encontraba cerca de la puerta, el picaporte se estaba abriendo.Estaba nerviosa, porque podría ser cualquier persona, pero es verdad que muy pocas personas tenían acceso a esa puerta solo él, y la de la limpieza, y todavía no era la hora de cerrar como para que estuviese aquí tan pronto. Le oyó hablar


 — Como te iba diciendo tenemos que quedar a final de mes para tener todos los preparativos         listos antes del viaje, ahora mismo me pilla mal quedar, pero lo que podemos hacer es vernos a     final de la semana. — Y finalmente colgó, mientras que dejaba el abrigo en el perchero.

Ya puedes salir de ahí. Te he visto entrar. De aquí hoy no sales — dijo mientras daba una vuelta para ver donde se encontraba

¿Y quién te ha dicho que yo quiera irme? — se inclinó para susurrarle a la nuca.


Intento darse la vuelta pero no la dejo, le puso contra la pared y así poder rozarse.

Como pude le dio la vuelta y la llevo enfrente de la mesa, su jefe obedeció todo aquello que la decía, se tumbo en el suelo, bajo las persianas y cerró los pestillos de todas las puertas de aquel despacho. Cogió lo que había encontrado en su cajón y la esposo con las patas de la mesa, un brazo a cada lado. Le mordió el cuello, los labios, la barbilla.. todo lo que estaba a la vista. Le bajo la bragueta, y empezó a lamer su rabo mientras que con la otra mano le iba acariciando los huevos. Mientras le pajeaba se la iba comiendo, presiono el capullo contra los labios de Paula y bajo la boca con el tronco al ritmo de la paja. Él hizo un gesto indicándome que iba a terminar. Sonreímos y la beso. Intentaba como quitarse las esposas, pero le era inútil. Estaba bien amordazado.

— Aguanta un poco Jefe, que no se diga que no eres fuerte — le guiñó un ojo mientras le iba desabrochando los botones de la camisa a la vez que sus miradas se cruzaron

Es que me estás poniendo muy perro — se elevo para besarla, pero no le dejó

Esta vez te toca a ti el mirar pero no tocar. — Le mordió el labio mientras le acariciaba el rabo.

Su pecho ya estaba al descubierto, podía percibir cómo su respiración se adentraba a través de su oído. Cerró los ojos y la beso con deseo, los dedos correteaban por su abdomen jugando con los pelos de su pecho y sus pezones. Levemente se los mordió a la vez que tiraba de ellos, mientras que su mano fue a jugar con su rabo. Con la punta de la lengua le chupo el capullo, pasando por sus huevos, la ingle y su gran rabo fuerte y erecto. Iba notando como los pezones de Paula se ponían erectos y se marcaban en la blusa, se levanto y fue quitándose la ropa lentamente. Se quedo completamente desnuda, el doblo una de sus piernas y su rodilla la puso en su sexo y en ese momento fue cuando notó que estaba completamente húmeda, raramente se fue frotando con su rodilla. La estaba excitando. Puse las rodillas en su cuello y su cabeza en su entrepierna, haciendo un sesenta y nueve. Así podrían disfrutar los dos. Bajo la parte de la pelvis hasta que su lengua toco el clítoris, gimió cuando sus labios fríos tocaron los labios inferiores, no sé por qué, pero el frío la excitaba mucho más.

A la vez que el iba acariciando el clítoris con su lengua ella iba introduciendo su rabo en su boca, sacando e introduciendo una y otra vez. Paula pego un brinco, ya que le había mordido el clítoris. Inclino su cuerpo al suyo y se fue elevando a medida que las dos respiraciones iban al mismo compás
Se separó de su boca y prácticamente le quito toda la ropa que seguía teniendo puesta, la corbata le daba un toque serio, pero muy excitante.

Coloco su mano en el pecho de ella, mientras que su rabo se lo fue introduciendo en su sexo. Se escucho un gemido estremecedor, desde los dedos de los pies, fue notando esa corriente que la causaba el gozar plenamente. Esa corriente subía lentamente por sus piernas los muslos, hasta que fue llegando a la pelvis, esa corriente la excitaba el sexo. mientras tanto, ella volvió a coger las riendas de esa situación y empezó a follarle. Las nalgas iban lanzándose de arriba abajo. Fue presionando su trasero contra su entrepierna, mientras tanto un cosquilleo fue recorriendola cada rincón de su cuerpo, con mucho gusto fue pasando su lengua por sus labios carnosos hasta tal extremo en el que no podían más y sólo podían besarse con más ganas que nunca. Durante unos minutos sus cuerpo fueron balanceándose, dejando que los fluidos se inundaran por completo dejando correr todo el calor que desprendían sus cuerpos al desnudo. Era el momento de quitarle las esposas y así lo hizo, le beso el cuello, le agarró de la barbilla y cuando quiso abrir los ojos ella se encontraba debajo. Ahora era Francisco quien tenía el mando.




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