sábado, 5 de noviembre de 2016

(RON)RONEAR


Pequeño felino que entro en mi vida en un abrir y cerrar de ojos.
Pequeño el, pequeño sus ojos.

Es tan dormilón como su dueña, como su abuela.
En general nos pasamos la vida durmiendo. Siempre, a todas horas.
Pero si es a su lado, mejor.
Se disfruta más, se agradece.

Pequeño el, que entró en casa sin saber qué hacer o a dónde ir.
Miedoso. Distraído. Alocado. Juguetón. Pero siempre el.
Único.

Me despierta antes de que suene la alarma. Maúlla, ronronea y se plasma encima mio, cómo si no hubiese más cama para echarse a dormir. A remolonear. A jugar.

Tenerle a mi lado, se ha desvanecido, deteriorado, se ha destruido una barrera en mi interior. Y me ha hecho ver que puedo seguir queriendo. Pero dejemos de hablar de mi, hablemos del pequeño Ron.

Que puedo decir. ME ENCANTA. Me encanta sus pequeñas patitas, sus huellas parecen una almohada, súper blanditas. Tiene un caminar tan gracioso. Me lo como a besos cada vez que le veo. Despierto o dormido. Me ha enamorado el alma.

Tiene unos ojos que hipnotizan. Color avellana.
Que impactan. Que deslumbran, y que atrae su mirada.

He comprobado que no le gusta nada el agua, pero se sube al radiador y con la ventana cerrada, le encanta ver la lluvia, quiere atrapar esas pequeñas gotas que se desvanecen en la ventana.
Quiere verlo todo.

Adora su nuevo rincón, estar en un cojín encima del radiador, ver los pájaros volar y no poder atrapar.

Ya sabe como saltar a grandes alturas. Se sienta en la silla del ordenador, bueno en realidad me lo quita. Pero, es cogerle, darle achuchones, besarle la nariz, los mofletes, las orejas, sus patitas. Todo. Y ver como me mira con esos ojos me hace quererle más.

Le cojo como un bebé y le canto, le hablo, o simplemente le hago caricias para que se duerma.
Verle dormir me complace.

Travieso. Porque quiere investigar para que sirve todo, salta, corretea y tira lo que haya por su camino. Olfatea y juega consigo mismo. Juega como un perro a comerse la cola.

Es tan mimoso como yo. Y eso me encanta. Alguna que otra vez se queda dormido en mi pecho.
Sus patas me rodean el cuello, y mientras que le acaricio, el pequeño felino me hace cosquillas.

Me lame la cara, no sabía que tenía la lengua áspera. Le doy otro pequeño beso en la frente y poco a poco se le cierran los ojos. Y en ese momento es cuando empieza a ronronear.

Nunca me había acercado tanto a un gato. Hasta que llego el.

Él para mí, es más guapo que las estrellas.



Único para mí.

Pequeño felino, pequeño Ron.


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