jueves, 20 de julio de 2017

Quédate conmigo aunque sólo sea un instante.


No me importa que te quedes detrás de mi 
y me susurres cualquier cosa al oído, 
sólo necesito escuchar tu voz.

Cómo si sólo quieres quedarte a un lado,
y así cuando estire el dedo meñique pueda tocarte. 


Como si quieres cerrar los ojos y quedarte quieto.


En cualquier lugar, pero déjame estar ahí, contigo.


Déjame sentirte cerca.
Déjame poder tocarte aunque sólo sea para saber que existes.
Déjame..

Quédate conmigo aunque sea en la misma ciudad.
Para que cuando pase por aquellas calles
que tanto has dejado huella, tu olor se quede impregnada en mi piel.


Y así pueda recordarte que un día te toque.

Quédate aunque sólo sea de pasada.


No quiero que te vayas.

Una parte de mi corazón quiere que lo hagas,
aunque por otra parte quiere que te quedes para saber que tipo de exploraciones hace dicho órgano
que se encuentra en mitad de mi pecho, y que cada vez que te veo me ruborizo,
mis piernas delgadas empiezan a temblar
y no sé si avanzar o quedarme en el mismo sitio en el que me encuentro.

Tu voz es como una suave ola de playa que quiere desordenar todo pero no quiere romper nada.

Tu voz, aquella que he llegado a escuchar miles de veces
pero que para mi y mis oídos es como una nana que cura todo tipo de heridas.

El hecho de que tú existes, y que sólo verte una vez al mes o los domingos
bajo la luz tenue de las nubes puedo asegurarme a mi misma
que esto que siento es real y no sólo un engaño tonto de mi imaginación.


Déjame quedarme.

Déjame entrar.


Y si no, seguiré esperando en la sombra hasta que decidas dejarme pasar.

miércoles, 24 de mayo de 2017

CAMBIOS DRÁSTICOS 2º


SEGUNDA PARTE


Cuando amaneció el ebook se había quedado sin batería, las frambuesas estaban tiradas en la colcha, pero ella había dormido fenomenal. Una vez levantada recogió la casa. Sólo le había dado tiempo a ordenar el baño y el cuarto, cuando la llamaron por el móvil, pero cuando fue a cogerlo ya había colgado, volvió a llamar, era Annie. Le estaba comunicando de que a las diez y media tenía que estar abajo. Dejo de recoger, preparo la mochila para ir al spa, y desayuno. Cuando acabo, bajo las persianas, cogió la bolsa y las llaves de casa y en nada ya estaba en la esquina del portal se su casa. Annie vivía en la comunidad de enfrente. Eran vecinas de toda la vida.


— Hola guapa — se adelanto Annie para saludarla por detrás.

Paula se sobresalto.. — Hola, ¿qué tal todo? — la saludo con dos besos

— Pues ahora que vamos a ir al spa, mejor, je je. Ya tenía ganas de darme un capricho. ¿Y tú qué tal todo, cómo te va? 

— Te cuento que no ha sido fácil. —  La agarró del brazo como hacían antes de separarse y la puso al corriente de todos los cambios.

Con todo detalle le contó todo desde el principio. Cuando estaba terminando ya se encontraban en frente de la recepción del spa. Una vez estando en los vestuarios, Paula se sorprendió al ver que su amiga se estaba cambiando delante de ella, normalmente lo hacia en otra habitación. El caso es que cuando ya estaban con el bañador y el gorro de baño puesto, fueron con las toallas y fueron a la zona del jacuzzi y allí se quedaron charlando y relajándose, cada una se puso en un chorro diferente y al mismo tiempo cerraron los ojos y dejaron que el agua que chocaba contra ellas les quitaba todo tipo de pensamientos y molestias. Más tarde se fueron a las saunas y una vez estando allí un buen rato decidieron ir a las piscinas a seguir relajándose. Annie empezó a dar largos, mientras que Paula se relajaba poniéndose boca abajo y dejando todos sus pensamientos a un lado, pudo desconectar el cuerpo entero. Un silencio inmenso se apodero de ella, y se quedo allí un largo tiempo, hasta que su amiga la despertó haciendo cosquillas en las plantas de los pies.

Hicieron unos largos y salieron de la piscina, directamente se fueron a las duchas
Cuando quisieron mirar el reloj ya era la hora de comer, y los rugidos de sus tripas empezaron a cobrar vida. 

Una vez salieron del hotel volvieron a entrar en el metro para dirigirse a casa, dejaron las cosas y se cambiaron de ropa. En un rato se volverían a ver en la esquina de abajo, para irse a comer al wok, al finalizar la comida se fueron a sus respectivas casas.

Bueno Paula me ha gustado verte y pasar un tiempo juntas — dijo Annie mientras dejaba el coche en doble fila enfrente de su portal.

— A mi también, es verdad que nos distanciamos muchas veces, pero cuando nos volvemos a encontrar es como si nunca hubiera pasado el tiempo. — recogió sus cosas y antes de salir se despidió con besos y abrazos. — Me alegra de que todo vaya bien y que nos podamos seguir viendo. — Salió del coche y se volvió a despedir con la mano.

Cuando entro en casa, cogió las llaves del coche y fue a ver a su madre. Aparco en doble fila ya que era casi imposible que allí hubiese hueco libre. Así que subió, estuvo con ella un rato y cuando volvió a coger el coche, en el reflejo de la ventana vio a un hombre acercarse a ella, apenas se le veía bien, iba con gafas de sol, Paula se puso nerviosa y entro rápidamente al coche, arranco y salió pitando de allí. Estaba nerviosa.

En cuanto llego a casa llamo a su madre por teléfono por si hubiera pasado algo. Pero gracias a Dios no fue así. Cuidadosamente miro por la ventana por si aquel hombre misterioso le había seguido, pero no había nadie que no conociese, estaba Lola la panadera paseando a su perro, Laura y Melissa las hermanas que iban a todas partes juntas a juego con sus perros de misma raza, y en una esquina a Juan su compañero de trabajo. 


— Espera. — Se dijo así misma, Juan no debería estar ahí, puesto que el vive bastante lejos. Que hará en la esquina, se pregunto así misma. Espero un rato, por si estuviese esperando a alguien, lo que si era extraño es que se quedo debajo de un toldo y estaba apuntando algo en una libreta que tenía en mano. 

Cuando levanto la vista se quedo mirando aquella ventana en la que alguien le estaba observando, ella se metió para adentro rápidamente, su respiración empezó acelerarse. No volvió asomarse más aquella tarde.

El día había pasado muy deprisa, ojala hubiera estado más tiempo en la zona del spa. Se le había echo corto. Se encontraba cansada yendo y viniendo de un sitio a otro sin apenas reposar. Esa misma tarde de sábado, se quedo en casa. Encendió el ordenador y empezó a escribir uno de sus relatos.


Oía otra respiración a parte de la suya, miro a su alrededor pero no había nadie. se quedo inmóvil aguantó su respiración, y la zona el pecho bajaba y subía rápidamente. No sabía lo que le estaba sucediendo, intentaba salir de ese callejón sin salida pero eso parecía un bucle, se encontraba en el mismo sitio una y otra vez. Se encontraba sin salida. Se paro. Respiro hondo y corrió lo más deprisa que pudo, pero algo se lo impedía, bajo la vista a sus pies, pero no los veía, cuando quería salir de las arenas movedizas ya era demasiado tarde. Pego un grito, y cuando abrió los ojos se encontraba en su cama.


Todo había sido un sueño. Fue al baño para lavarse la cara y cuando volvió a la cama no pudo conciliar el sueño. Se puso el mp3 que guardaba en la mesita de noche, y empezó a escuchar música, así por lo menos intentaba tener la mente despejada. Tampoco resulto efectivo, se quito los cascos, y se dio la vuelta. En el despertador marcaban las ocho de la mañana. Seguía sin poder cerrar los ojos. Así que decidió levantarse y prepararse el desayuno. Mientras encendía la televisión a distancia se preparo té rojo, unas tostadas, una macedonia de frutas con yogurt. Ya que no había dormido en toda la noche que por lo menos cogiese fuerzas en el desayuno. A las nueve y media salio de casa con ropa deportiva, había quedado a las once en las canchas de baloncesto del metro el Capricho.

Tenía un largo camino por delante, así que cuando llego al metro tenía pensado leer el siguiente libro el "domador de leones" de la escritora Camilla Läckberg. 
La gente entraba y salía pero Paula solo estaba atenta a lo que estaba leyendo, estaba tan interesante, que apenas se dio cuenta de que se había pasado de parada. Levanto la vista, salio del tren y cambio de anden, esta vez ya estaba atenta a la parada en la que tenía que bajarse. Guardo el ebook. Más adelante se encontró con algunos chicos del equipo de baloncesto. Cuando llegaron ya había gente en la cancha. Dejaron las mochilas y empezaron a calentar. En un rato empezarían a jugar.  

 Hola Keyser ¿qué tal? — dijo Paula mientras le pasaba el balón

 Una semana con mucho trabajo. — Lanzo y metió triple

 Vaya, que buena. Reserva algunas para el partido. — y al lanzar la bola, otras tres más iban detrás de la suya.

Bueno vamos hacer equipos. — Dijo Joaquin, era media estatura pero corría como una bala.

Varios chicos se pusieron de acuerdo. Paula era la única chica en el campo. No había mucha perdida, solo tenía que quedarse con las caras de los compañeros de su equipo. Haber si esta vez todo iba como la seda, porque en más de una ocasión se sentía completamente inútil. No daba ni una.

Hicieron cuatro equipos de tres personas. Estuvieron jugando una hora aproximadamente. Después del primer descanso, jugaron en cancha entera. Fueron a reponer fuerzas yendo a la fuente que se encontraba detrás de la cancha, en frente de un bar. Cuando ya estaban todos en la cancha hablando entre ellos, llegó María, acababa de entrar hace poco al equipo. Estaba vez jugaron en cancha entera. Dos equipos de ocho. 

El partido se alargo más de lo previsto, y cuando hicieron una pausa, muchos de ellos ya estaban recogiendo para irse.

Buen partido chicos, pero yo me tengo que ir ya que tengo comida familiar y ya llego tarde— Dijo Carlos uno de los administradores del grupo de whatsapp. 

— Espera — dijeron Keyser, Jesús y María — Nos vamos contigo. Con que nos dejes donde siempre nos vale. — Se despidieron del resto — dijo Jesús.

— Yo también me marcho — Dijo Paula, recogiendo la mochila y la botella de agua. 

Adrian, Juan y Vicente también recogieron sus pertenencias. El resto se quedaron más tiempo. 

Cuando llegaron al tren se sentaron en todo un vagón que había libre. Estaban tan cansados que no dijeron nada en todo el trayecto. Solo se despedían unos de otros cuando llegaba su parada. La última en bajarse fue Vicente, que vivía al final de la línea.
Hasta luego — dijo Paula y se despidió de Vicente y Adrian.

Cuando llego a casa se dio una ducha calentita, se quedo bajo el agua un rato, hasta quitarse todo el polvo y la suciedad que tenía en la piel. Al salir lo único que tenía ganas era de dormir, así que se echo en la cama.

Lunes. Cuando llego a su puesto de trabajo, habían revuelto los despachos, todo estaba patas arriba, los ordenadores encendidos y todos los archivadores estaban fuera de lugar, los cajones fuera de su sitio. Se echo la mano a la cabeza  Pero... pero que ha sucedido.  Se quedo con la boca abierta. Siguió oyendo unos ruidos que procedían de afuera, cuando salió seguía oyendo un ruido que procedían de la parte trasera del edificio, y vio a Juan de espaldas hablando por teléfono en otro idioma   "la pendrive è portato a casa, quindi non troverà"  ajá, de acuerdo yo me ocupo, pero no vuelvas a entrometerte más, o yo mismo hablare con el jefe. Cuando colgó la llamada, estuvo caminando un rato, para saber cual sería el siguiente movimiento. Oyó un ruido detrás suyo. Cuando se dio la vuelta no había nadie, pero debía mirar a ver quien era. Paula corrió a toda pastilla y se fue a su escritorio, estuvo organizando todo, intento no ponerse nerviosa porque eso la delataría, así que se fue al baño y se lavo la cara.

Y al salir saludo a Juan — Hola, ¿qué tal?— como si no hubiera oído nada.

— Llevas mucho tiempo aquí —dijo mientras guardaba el móvil en el bolsillo del pantalón.

— Acabo de llegar hace un minuto — mintió y para que no se le notase el cambio de voz, se sentó en la silla y se puso a organizar la mesa de Clara.


Juan fue ayudar a recoger los mismos papeles que estaba recogiendo su compañera, sus manos chocaron, y con el tacto se le cayeron los papeles. Juan la miro muy de cerca. — Lo siento, estoy nerviosa por una noticia que me han dado hace unos días y no me encuentro bien. — Espero que haya sido convincente se dijo así misma. 

Una vez organizado la mesa de Clara, se fue a su mesa, y después de encender el ordenador se puso manos a la obra.

 — Sabes sobre que hora llegará Clara hoy, tengo que hablar sobre un tema en particular. —  le dijo Juan, que seguía en la mesa de Clara. 


Le observo y su mirada buscaba algo en particular. —  Hoy no viene trabajar —  le contesto.

— ¿Y eso por que? — no quiso mostrar mucho interés, después de lo sucedido. — Bueno da igual, ya hablare con ella. — Cogió el móvil y a escondidas mando un sms.


Paula no pudo ver que es lo que realmente tramaba su compañero, pero no estaba muy convencida de si había resultado efectivo sus mentiras.

Aunque parecía mentira esa mañana le pareció corta. Cerró sesión, no podría hacer nada más al respecto, había pensado en cambiar de contraseña al servidor, pero le resultaría complicado la explicación que le tendría quedar más adelante, así que para no sospechar nada, lo dejo tal cual estaba.

Recogió su mesa y al salir de la oficina, cerro la verja. Juan se encontraba al lado de ella, y por parte de Paula se despidió de su compañero cuando estaba en la acera de enfrente. Esa acera daba la sombra y así podía ver con claridad si venía el bus. No espero mucho para cogerlo. Pronto estaría en casa.

martes, 16 de mayo de 2017

Huellas



Quiero saber si una de estás pisadas son tuyas
o sólo has pasado por aquí y has dejado tu fragancia mezclada con el aire
que se asoma cada mañana en mi ventana.

Si lo fuesen, me gustaría cruzarme contigo de nuevo,
y si no lo son, espero que con el tiempo nuestros caminos se vuelvan a cruzar.

Quiero que seas tú el que me habrá el alma y 
encuentre todo lo maravilloso que yo no he podido ver en años.

Alguien que no se canse nunca de verme. 
Alguien que sepa guardar los secretos jamás contados.

Alguien que me de los buenos días, a pesar de que sean malos.

Que esté porque quiere y me quiera,
no porque debe.

Alguien que no tenga que consultar su agenda para poder verme.
Alguien que me abrace y me bese los miedos.

Que nunca se despida porque irse no es su juego favorito.

Alguien que me sujete la mano sin agobiarse.
Alguien que le guste mi cursilería y no se avergüence de las muestras de afecto.

Quiero que seas la clase de persona auténtica
que marca un antes y un después en la vida,
que llega con un soplo de aire fresco y que, si se van,
permanecen como huella indeleble.

Quiero que dejes huellas en mí,
de todos los tipos,
de todas las clases,
grandes o pequeñas,
pero sobre todo, que sean tuyas.


Tú eres una persona que ha llegado a mi vida como una bendición




PD: ciertos fragmentos del texto están escritos por Ana Barrero



lunes, 1 de mayo de 2017

Habitación 309

No sabes lo que te puedes encontrar estando una vez dentro. Lo que tampoco sabes es que estando ahí, lo peor de ti saldrá a la luz y tal vez no te mires con los mismos ojos que cuando te mirabas antes.





Tienes miedo, pero aún así debes de entrar para rescatar a Patricia
Hay un hombre muy alto que va detrás de ella. Es peligroso. El chico se baja del autobús, en frente del edificio donde se encuentra tu amiga. En cambio tú debes bajarte una después que la de él. Porqué si te reconoce estas pérdida.

Una vez bajada del autobús te escondes detrás de los coches, y ves que el chico coge de un maletero una barra de metal. 
Lo tenia todo planeado, pensaste. Al bajar la puerta del maletero, te asustas del fuerte ruido que da. Te sobresaltas y te agachas tocando el asfalto. Cierras fuertemente los ojos e intentas no respirar. Pasado un rato, abres los ojos y ves que el chico ya esta entrando por la puerta de entrada de aquel edificio misterioso. 

Tampoco comprendías que hacia tu amiga allí dentro. Lo único que sabías es que tenías que rescatarla de aquel chico. Una vez que el chico entra, corres, corres hasta llegar a la puerta. Dejas la mochila, ya que pesa mucho, y coges lo imprescindible. El móvil por si tienes que pedir ayuda, un paraguas para defenderte y una linterna. Dejas la mochila en un rincón detrás de la primera puerta de aquel edificio, sólo en esa habitación había luz. El resto todo estaba a oscuras y en silencio. No se oía nada. Ni si quiera las voces de otras personas detrás de las puertas. Daba escalofríos estar ahí sola. Respiré hondo y di el primer paso. Tenía que ser muy sigilosa para que nadie me escuchase y me preguntase que hacía allí.

Al salir de la sala de espera, me encontraba en un pasillo, a mano izquierda había dos puertas, la que estaba más cerca de mi se encontraba cerrada y la segunda estaba entreabierta, pero no había luz, pero aún así, se podía percibir que había alguien. A mano derecha se encontraban dos puertas cerradas, y al no oír nada, decidí ir hacía la derecha. Al final de la segunda puerta, cogí la linterna e ilumine la puerta, arriba a la derecha en la esquina de la puerta se encontraba una placa negra con el numero 309.

Ahí dentro se encontraría Patricia. Apoye la oreja izquierda en la puerta mientras que mi ojos se fijaban en la puerta entreabierta. Así podría ver si alguien venía. Oí hablar a Patricia, le había cambiado la voz, pero no estaba sola. Se oía una voz más aparte de la suya. Cuando estaba concentrada para ver que es lo que decían, la última puerta del pasillo se fue abriendo más, encendieron la luz y luego la apagaron. Era el chico. Se acercaba a grandes zancadas, mi respiración iba cada vez más deprisa. Rápidamente me escondí en una esquina que había pegada a la puerta. La esquina era profunda y con el pasillo tan a oscuras apenas se distinguía de que ahí pudiera haber alguien. Estaba nerviosa, pero esta vez no iba a cerrar los ojos, quería verle más de cerca, aunque fuese en la oscuridad.

Después de que el chico estuviese dentro, todas se quedaron en silencio. El chico empezó a susurrar, pero esta vez ya no podía saber de lo que estaban hablando. Volví a poner la oreja en la puerta, pero era inútil. Nada. 

Sigue vigilándola, ahora vengo —  El chico abrió la puerta y entre la oscuridad se desvaneció.

Una vez que el chico estaba fuera de la habitación y ya no se le veía en el pasillo, entré y me encontré a Patricia sentada en el suelo, estaba irreconocible, tenía puesto ropa blanca y entre las manos tenía un juguete de madera y estaba hablando con alguien que estaba espaldas a mi, tiene el cabello negro como el carbón. Una vez estando dentro, cerré la puerta con pestillo y con llave.

— Que pronto has vuelto  dijo la chica del cabello negro — pensaba que ibas a tardar más. 

Al notar que el chico no respondía, se dio la vuelta y antes de que pudiese verme, le atice con un libro pesado que había encima de una mesa. Debí darle muy fuerte porque aquella persona se cayó al suelo. No podía desaprovechar esta oportunidad para sacarle todo acerca de porque su amiga se encontraba ahí dentro, encerrada. La habitación era pequeña, las paredes eran blancas, había una cama, una mesa pequeña, varios juguetes de madera y las ventanas estaban con barrotes. 

Una vez que la chica seguía inconsciente en el suelo, le ate las manos a las patas de la mesa. Respiré hondo y a medida que iba respirando iba notando como un olor raro se metía dentro de mi cuerpo. Todo lo veía borroso. No podía mantenerme en pie.



Cuando me levante del suelo, algo dentro de mi había cambiado, pero no sabía el qué. Me acerque a Patricia,y le separe el flequillo de la cara, ella estaba confundida, no sabía que hacía allí. No me reconocía. Pero tal vez si le mostrase ciertas fotos podría volver a ser ella misma. Pero antes me tenía que ocupar de la otra chica, nunca la había visto. Cogí unas tijeras y empecé a despertarla dándole bofetones en la cara. Al final la chica abrió los ojos.

—  Despiértate maldita zorra — aquellas palabras salieron de mi boca, no reconocía mi propia voz. Había cambiado por completo.

Me gire hacia Patricia. — Tranquila, pronto estaremos fuera y te llevare a tu casa. — la lleve a la cama. — Quédate aquí, no te muevas. 

La otra chica se empezó a reír. Como no contestaba empecé a zarandearla rápidamente, no podía controlar mis actos, pero por una parte me gustaba. Era extraño. Desde que había pisado ese sitio todo era completamente extraño. Patricia estaba mirándome, sin ningún tipo de expresión en su cara.

— Eres tonta o es que te haces la loca — la grite

— No podrás salir de aquí — dijo la chica

— Eso ya lo veremos. 

La chica seguía mirándome con aquella mirada tan oscura que tenía y se volvió a reír. No aguantaba más sus risas y tanto silenio así que cogí las tijeras le abrí la boca a la fuerza y la zona afilada se la pase por encima de la lengua. 

— Sólo tienes una oportunidad más, o me dices que hace Patricia aquí encerrada y porque ha estado desaparecida durante más de un año o no querrás saber de lo que soy capaz de hacerte — le dije, mientras que su mirada cambio de expresión.

— No creo que seas capaz — dijo la chica mientras

Después de pasar la tijera por su lengua, volvió a empezar de nuevo, le daba asco meter la mano dentro de aquella boca, pero era la única forma de que hablara. Le paso la tijera dos veces a la tercera empezó a sangrar.

La chica del cabello negro, saborea su propia sangre.  De hecho seguía riéndose en mi propia cara. 
Comos seguía sin responder, empece a hacerle heridas profundas en el abdomen, y otro tipo de heridas que jamas serán desveladas. Al cabo de un rato la chica se ahogo en su propia sangre.Aún estando muerta su mirada seguía mirándome con aquella mirada maliciosa que tenía desde un principio. Me levante y la tape con la almohada. 


— Porque has hecho daño a mi amiga — dijo Patricia desde la cama.

— Cariño esta chica nunca ha sido tu amiga. Pronto estaremos fuera — la dije.


En la mesita de noche había un marco de foto y ese mismo chico estaba besando a su amiga. Era su novio. Ahora recuerdo quién es, me lo presento hace ya unos cinco años, en un cumpleaños de su amiga. Cogí el móvil y a medida que iba enseñándola fotos de ella misma, la iba contando como era ella, que es lo que hacía, quien era verdaderamente sus amigos y a que se dedicaba. Pero no se reconocía. De hecho cogió el móvil y lo tiro contra la pared.  Nunca supo como había llegado allí, ni como era antes de entrar a la habitación.

— Yo me quiero quedar aquí. — Dijo Patricia. — A ti no te conozco y no quiero que me hagan más daño.

Empece a llorar, porque finalmente había perdido a su amiga. Alguien intentaba abrir la puerta a patadas, cogí la barra de metal que se había dejado el chico, y me escondí.
Cuando el chico ya estaba dentro de la habitación, le di un fuerte golpe en la espalda con la barra, cayó al suelo, se despidió de aquella chica la que una vez fue su mejor amiga. 

— Volveré pronto, aunque creas que este lugar es bueno para ti. A donde te quiero llevar es mejor. Tendrás los mejores cuidados. Cuídate y le dio un fuerte abrazo.



El chico empezó a moverse y antes de que se levantase me dio tiempo hacer varias fotos de la habitación. Cerré la puerta y huí de aquel lugar tan siniestro. Mientras corría hacia la salida por mi rostro se derramaban lágrimas. No podía parar de llorar, pero por otra parte no podía quedarme ahí, a saber lo que podía ocurrirme.

sábado, 22 de abril de 2017





Camina con o sin rumbo, pero no te detengas.

Camina sin prisas, pero sin pausas.

Camina disfrutando de cada detalle y de cada paso que des, disfruta del paisaje.

Esquiva lo que no quieras en tu camino, porque la única persona que puede cambiar las cosas eres tu. 

Saborea cada instante que te da la vida.

Sólo camina, y si ves que estás perdida corre, corre, y sé siempre tu misma.

sábado, 8 de abril de 2017

CAMBIOS DRÁSTICOS 1º



PRIMERA PARTE



Había pasado casi dos años después de que su ex jefe, y compañero Francisco se fue de la ciudad y corto todo tipo de relación con ella. Por su parte no recibió ni una sola llamada. Así que tuvo que deshacer la idea de volver a verle.

En cambio Paula, se quedo allí un tiempo, le gustaba ese empleo, pero el nuevo jefe que había entrado a la empresa, no le daba buena espina. Mientras buscaba otro puesto, trabajaba por cuenta propia. Al principio se metió en otra oficina, de uno de los mejores clientes que Francisco tenía como recomendación, pero uno de sus socios resulta que era un estafador y al cabo de un tiempo se fueron los dos derechos a la cárcel, leyó en los periódicos que los dos habían cometido algún delito y habían robado dinero de la empresa.

Más adelante encontró un puesto a cinco manzanas de su casa, no le hacía mucha gracia el tener que salir de allí sola más tarde de las ocho de la noche. Pero por el momento podía aguantar perfectamente. La oficina era grande, aunque la zona de la entrada – cocina y el resto de oficinas donde se encontraban los puestos de los trabajadores les separaba un pasillo largo y estrecho y apenas podían pasar dos personas a la vez. Aunque desde hace unas semanas la mitad estaban de vacaciones y una vez a la semana se pasaba el jefe a ver que tal le iban a los nuevos. Aunque Clara llevaba seis meses más que Paula y Juan.

En la parte trasera de la oficina se suelen encontrar todos los jóvenes a fumar porros y más de una vez tuvo que llamar a la policía ya que Clara y ella teniendo algún percance, pero cuando llegaron, la mitad de las veces ya era tarde de coger a esos chavales que siempre que podían las robaban y la decían todo tipo de cosas. Se encontraban muy incómodas en esa situación.

Alguna vez se sentían protegidas, ya que en esas situaciones un hombre alto y con gabardina se metía en mitad de los dos grupos e intentaba suavizar la situación.

Cuando llegaba la policía tenía que darles datos del suceso. Y una vez yéndose la policía, el otro hombre se acerco a ellas: — Espero que estéis bien. Si más adelante tenéis otro problema como este o algo parecido no dudéis en darme un toque. — Les dio una tarjeta a cada una, se dio la vuelta y se desvaneció a la luz de la noche.

Paula y Clara se miraron y se guardaron las tarjetas en el abrigo. Cambiaron de calle, y aunque tuvieron que caminar más de lo normal para ir a sus casas, por lo menos no se encontrarían más con ese tipo de gente, por lo menos en lo que lleva de semana. O eso se esperaban las dos.

Las chicas se despidieron, Clara fue hacia la derecha y pasado el cruce ya estaba sacando la llave del portal. Pero a Paula todavía le quedaba dos manzana para llegar a casa. Seguía caminando por las calles sin apenas luz, encontró un gimnasio e hizo una foto a un cartel que había en el escaparate. “se dan clases de defensa y karate, para más información llamar al 606.....”. ), rápidamente saco el móvil e hizo una foto. Nunca viene mal aprender algo nuevo. 

Volvió a reanudar la marcha, se oyó un crujido y al girarse no vio a nadie, ni oía nada. Notaba como si alguien la estuviese siguiendo, o tal vez fuesen imaginaciones suyas, pero eso no podía saberlo. Tampoco se iba a quedar ahí para averiguarlo. Cuando cruzo la esquina del gimnasio al fondo de la calle se encontraba su casa. Miro hacia atrás y vio una sombra de alguien, y en ese momento fue cuando se coloco el bolso en forma de bandolera, y se preparo para echar una carrera hasta donde se encontraba el portal.

Cuando llego exhausta, saco la llave y al estar dentro del recibidor, ya podía estar tranquila que no la iban a molestar más. Subió en ascensor hasta el sexto piso y al entrar en casa, se dio una ducha ligera, se puso cómoda, y se quedo cenando viendo la serie Hawaii five-0. Cuando termino de ver dos capítulos, se fue a ponerse el camisón y al meterse en la cama y notar el frescor de las sábanas sus párpados empezaron a cerrarse.


'Brrrr brrrrr brrrr'. Saco la mano de las sábanas y torpemente tira el despertador al suelo. Y a las malas y con ese ruido tan molesto que se oía por la calle, se levanta. Se pone el calzado de estar por casa y se dirige a la ducha. Cuando termina de lavarse el cuerpo, se lava la cara y una vez estando fuera y seca, fue a mirar el reloj que seguía tirado en el suelo, cuando miro la hora se sobresalto. Ya eran las ocho y media y a las nueve entraba a trabajar.

Se quedo dormida, mientras que estaba soñando con Adam Noshimuri el de la serie de anoche. Se viste rápidamente, coge el bolso, y de la cocina coge un croassant y una bolsita de té rojo.
Cerró la puerta y a caminar. A mitad de camino le van sonando las tripas del olor a café y pan tostado que huele en la cafetería que se encontraba en frente del gimnasio. — Ya queda menos, se dijo a sus adentros. 

Paula seguía caminando, mientras que en su cabeza pasaban miles de cosas: En cuanto salgas del trabajo tienes que poner una lavadora, e ir al banco, apuntarte al gym, hacer limpieza de armario. Uf que pereza.. armario otra vez no, si es que luego pierdo toda la tarde haciendo eso y acabo muerta. Las cosas que debía hacer luego se desvanecieron de su mente. Por fin viernes.

Pero este fin de semana tenía muy buena pinta, sobre todo el sábado, ya que hoy tenía una larga lista de cosas por hacer, pero sabiendo lo que iba hacer mañana se le formulo una sonrisa.

Su mente volvió a la realidad, y se había pasado la puerta de entrada del trabajo. 
Clara y Juan estaban allí abriendo la oficina.

— Hola chicos ¿Qué pinta creéis que tiene este viernes?, — Les dijo mientras que se desabrochaba los botones del abrigo.

—  Uy Paula que susto me has dado — dijo Clara dando un brinco. — Nos has dado, querrás decir . — dijo Juan. Que a su vez se le cayeron las llaves al suelo

—  Pues estamos intentando abrir la dichosa verja. Y es que no hay manera, llevamos así cinco minutos. — Dijo Juan. Pero a parte de eso, yo lo veo bien, de momento solo me he levantado pronto porque el bebé del vecino de abajo no para de llorar, luego me he quedado sin agua caliente, y encima esto. 

— Bueno pues casi casi, como yo. Que he tenido que ducharme con agua templada porque la caliente la cortaron ayer y parece ser que se les ha olvidado volverla abrir. Y para el colmo al venir de camino no me he tropezado de milagro, pero he pisado una buena caca.. —   Contesto Juan

— Se metió en medio de los dos — Bueno chicos, esto sólo acaba de empezar, sólo ha sido esas cosas y no algo más grave, y tú Clara eso de pisar ese excremento a lo mejor es que te trae algo bueno a lo largo del día. — Cuando se dieron cuenta ya estaban dentro de la oficina

— Voy a preparar té, ¿queréis uno? — dijo mirándoles a los dos, que se habían quedado parados enfrente de la puerta.

— ¿Pero cómo? ¿Qué has hecho? — le dijo Juan dejando las llaves en la caja que había detrás de la puerta de entrada. — “Sii” — dijeron los dos compañeros a la vez

— Estabais abriendo con otra llave, si os fijas no es la misma. — Colocó tres tazas encima de la encimera, tres cucharas y el azúcar

Sirvió el agua en las tazas, mientras que encendía el ordenador, las dos impresoras que se encontraban a los laterales del pasillo y abría un poco la ventana que se encontraba a su derecha, los tés ya no estaban tan calientes. Sólo quedaba el de Paula por ir a recoger.


Una vez sentados, se pusieron a trabajar. Clara se ocupada de hacer las cuentas, de ver los informes que Juan le daba para revisar e imprimir y otros tantos papeles que tenía pendientes desde hace semanas. Paula se encargaba de ver los emails de los clientes y hacer los trabajos de diseño gráfico y cuando estaban hechos los imprimía y quedaba con ellos personalmente en frente de la oficina, donde había una pequeña cafetería, para que el cliente les diese el visto bueno y poder llevar a cabo el resto del trabajo. Hacer las cuentas y pasárselo a su compañera. Juan hacia trabajos en 3D y cuando era necesario limpiaba las impresoras. Aunque también era el manitas, puesto que siempre que se estropeaba algo el lo arreglaba.


A los tres se les notaba muy cansados, apenas se habían levantado de la silla, Juan se levanto y fue a la calle a fumar un cigarro, seguidamente se levanto Clara y fue al baño a asearse. Paula, por su parte, estiro las piernas debajo de la mesa, y despacio se levanto de aquella silla. Cuando lo hizo miro hacia arriba para estirar el cuello, se dio cuenta de la hora que era.


—  Clara, nos hemos concentrado tanto que se nos ha pasado el tiempo volando.  —  La dijo mientras estiraba las piernas bajo la mesa

—  No será para tanto. — respondió mientras que salia del baño

—  Bueno si para ti, “tanto” no es más de tres cuartos de hora. Aunque si quieres, siempre te puedes quedar aquí más tiempo.

—  Ja ja ja, que graciosa. No en serio, ¿cuanto ha pasado? — 

—  Chicas, hay uno que ya se va, es decir yo. No sé vosotras, pero yo he quedado para comer a las dos y media, cosa que ya ha pasado — Abrió la puerta de entrada y antes de cerrar, dijo. — Así que me voy ya. El lunes os veo. 

—  Pero que tarde, como es que no nos hemos dado cuenta. — cogió el abrigo y el bolso — bueno yo me voy pitando, que tengo que ir acompañar a mi madre al médico. Sé que irme así tan rápido no es propio de mi, pero me harías un gran favor si te encargas tu de que este todo cerrado y apagado. 

—  No te preocupes, yo me encargo, vete tranquila. — Le dijo Paula despidiéndose con la mano

Paula también tenía prisa por ir a comer, pero ahora lo primordial era dejar la oficina tal cual se la había encontrado. Reviso su trabajo y guardo varias copias, uno en su pendrive rosa que siempre llevaba encima y otro en el disco duro de la oficina, ella era así, preferiría guardarlo en varios sitios que solo tener una de ellas, que luego por lo que sea hay que formatear el ordenador o no se encuentra el archivo y todo el trabajo se va al garete.
Fue apagando todo, cerro la ventana, reviso toda la oficina por si le quedaba algo encendido, pero no, todo estaba correcto. Cogió sus pertenencias, cerró la puerta y cuando bajo la verja puso el candado.

Fue a la acera de enfrente para coger el bus que le dejaba a una manzana de su casa.
Estaba tan cansada que no tenía muchas ganas de ir andando. En la tercera parada se bajo y en cuanto llego al piso, se dio una ducha ligera, se preparo un bocadillo, una ensalada y se fue directa a la cama. Cuando despertó, eran las cinco, buena hora para hacer ejercicio, dijo a sus adentros. Se puso el chándal, y se llevo una riñonera para llevar lo imprescindible para ir a correr.
En cuanto salió del portal, puso a reproducir la música de Beret que tenía guardado en el móvil y empezó a correr.

Se paro en una fuente, miro a su alrededor y se encontraba en un parque infantil. Después de beber agua, volvió a casa por otro camino. Tenía vía libre, no había mucha gente paseando, se abrocho bien las zapatillas y se preparo para correr. Al principio le costaba correr una pequeña cuesta, pero luego todo era cuesta abajo, y en unos minutos ya estaba cerca de casa. Cuando llego al portal había un hombre que estaba a unos pasos de su portal. Se seco el sudor con un clines que tenía en la mano. Ese chico le sonaba de algo, pero ahora mismo no sabía de que. Abrió la puerta y decidió subir las escaleras en puntillas.


En cuanto entro se fue a la ventana y cuidadosamente miro hacia abajo, el hombre seguía allí, cogió unos prismáticos que tenía encima de la estantería y volvió a mirarle, pero no le dio tiempo ya que el hombre la miro a ella, y tuvo que esconderse entre las cortinas. Entro al baño y se lavo de pies a cabeza. Al salir se lo seco con la toalla. Cuando quiso leer 'los vigilantes del faro' ya era de noche, pero antes, cogió unas frambuesas de la nevera, encendió la lampara y siguió leyendo por donde lo había dejado.

sábado, 4 de marzo de 2017

Sé libre





Tú, tan bella e infinita.

Dónde habrás estado todo este tiempo

No te resguardes de la luz, eres digna de ser admirada
de flotar
de brillar
de dar paz.

Ahora que el sol está escondido, sal de tu escondite,
no tengas miedo.

Sal, y vuela. vuela lo más alto que puedas


martes, 28 de febrero de 2017

veintisiete veces te prefiero a ti

No sabría describir lo feliz que me hace tenerte un día más, lo feliz que me has hecho y sigues haciendo.

Veintisiete maneras de decir 'te quiero'.
Hoy, como otras tantas veces, cuando salgo de tu casa, y me dices: No se te olvida nada. 'Lo único que se me olvida, es a ti, vente conmigo.

Que apoyes tu rostro en mis manos, y darte besos, tantos besos,
que se haga de noche y me quede contigo un día más.

Esas formas de decir 'te quiero', te quiero tanto,
que no sabría decir porque significas tanto para mi. Bueno sí, lo sabes, lo sé, te quiero y te aprecio, porque has sido una niña encantadora, una mujer extraordinaria y una madre y tía esencial para mi.

Veintisiete formas de abrazarte de todas las maneras posibles, y de cada abrazo que nos damos seguir escuchando tu corazón, como palpita es lo que me hace sentir bien. Abrazadas en la cama, como si no hubiese otro refugio en esta vida, nada más que estar entre tus brazos.

Veintisiete - billones de momentos pasados, desde que nací, era pequeña (que sigo recordando) y los que a día de hoy seguimos teniendo. 

Veintisiete años, pero si es contigo, mejor.
A tu lado.
De tu mano.
Donde mejor se está.

Eres lo más importante de mi vida.

te quiero muchísimo 💞