sábado, 8 de abril de 2017

CAMBIOS DRÁSTICOS 1º



PRIMERA PARTE



Había pasado casi dos años después de que su ex jefe, y compañero Francisco se fue de la ciudad y corto todo tipo de relación con ella. Por su parte no recibió ni una sola llamada. Así que tuvo que deshacer la idea de volver a verle.

En cambio Paula, se quedo allí un tiempo, le gustaba ese empleo, pero el nuevo jefe que había entrado a la empresa, no le daba buena espina. Mientras buscaba otro puesto, trabajaba por cuenta propia. Al principio se metió en otra oficina, de uno de los mejores clientes que Francisco tenía como recomendación, pero uno de sus socios resulta que era un estafador y al cabo de un tiempo se fueron los dos derechos a la cárcel, leyó en los periódicos que los dos habían cometido algún delito y habían robado dinero de la empresa.

Más adelante encontró un puesto a cinco manzanas de su casa, no le hacía mucha gracia el tener que salir de allí sola más tarde de las ocho de la noche. Pero por el momento podía aguantar perfectamente. La oficina era grande, aunque la zona de la entrada – cocina y el resto de oficinas donde se encontraban los puestos de los trabajadores les separaba un pasillo largo y estrecho y apenas podían pasar dos personas a la vez. Aunque desde hace unas semanas la mitad estaban de vacaciones y una vez a la semana se pasaba el jefe a ver que tal le iban a los nuevos. Aunque Clara llevaba seis meses más que Paula y Juan.

En la parte trasera de la oficina se suelen encontrar todos los jóvenes a fumar porros y más de una vez tuvo que llamar a la policía ya que Clara y ella teniendo algún percance, pero cuando llegaron, la mitad de las veces ya era tarde de coger a esos chavales que siempre que podían las robaban y la decían todo tipo de cosas. Se encontraban muy incómodas en esa situación.

Alguna vez se sentían protegidas, ya que en esas situaciones un hombre alto y con gabardina se metía en mitad de los dos grupos e intentaba suavizar la situación.

Cuando llegaba la policía tenía que darles datos del suceso. Y una vez yéndose la policía, el otro hombre se acerco a ellas: — Espero que estéis bien. Si más adelante tenéis otro problema como este o algo parecido no dudéis en darme un toque. — Les dio una tarjeta a cada una, se dio la vuelta y se desvaneció a la luz de la noche.

Paula y Clara se miraron y se guardaron las tarjetas en el abrigo. Cambiaron de calle, y aunque tuvieron que caminar más de lo normal para ir a sus casas, por lo menos no se encontrarían más con ese tipo de gente, por lo menos en lo que lleva de semana. O eso se esperaban las dos.

Las chicas se despidieron, Clara fue hacia la derecha y pasado el cruce ya estaba sacando la llave del portal. Pero a Paula todavía le quedaba dos manzana para llegar a casa. Seguía caminando por las calles sin apenas luz, encontró un gimnasio e hizo una foto a un cartel que había en el escaparate. “se dan clases de defensa y karate, para más información llamar al 606.....”. ), rápidamente saco el móvil e hizo una foto. Nunca viene mal aprender algo nuevo. 

Volvió a reanudar la marcha, se oyó un crujido y al girarse no vio a nadie, ni oía nada. Notaba como si alguien la estuviese siguiendo, o tal vez fuesen imaginaciones suyas, pero eso no podía saberlo. Tampoco se iba a quedar ahí para averiguarlo. Cuando cruzo la esquina del gimnasio al fondo de la calle se encontraba su casa. Miro hacia atrás y vio una sombra de alguien, y en ese momento fue cuando se coloco el bolso en forma de bandolera, y se preparo para echar una carrera hasta donde se encontraba el portal.

Cuando llego exhausta, saco la llave y al estar dentro del recibidor, ya podía estar tranquila que no la iban a molestar más. Subió en ascensor hasta el sexto piso y al entrar en casa, se dio una ducha ligera, se puso cómoda, y se quedo cenando viendo la serie Hawaii five-0. Cuando termino de ver dos capítulos, se fue a ponerse el camisón y al meterse en la cama y notar el frescor de las sábanas sus párpados empezaron a cerrarse.


'Brrrr brrrrr brrrr'. Saco la mano de las sábanas y torpemente tira el despertador al suelo. Y a las malas y con ese ruido tan molesto que se oía por la calle, se levanta. Se pone el calzado de estar por casa y se dirige a la ducha. Cuando termina de lavarse el cuerpo, se lava la cara y una vez estando fuera y seca, fue a mirar el reloj que seguía tirado en el suelo, cuando miro la hora se sobresalto. Ya eran las ocho y media y a las nueve entraba a trabajar.

Se quedo dormida, mientras que estaba soñando con Adam Noshimuri el de la serie de anoche. Se viste rápidamente, coge el bolso, y de la cocina coge un croassant y una bolsita de té rojo.
Cerró la puerta y a caminar. A mitad de camino le van sonando las tripas del olor a café y pan tostado que huele en la cafetería que se encontraba en frente del gimnasio. — Ya queda menos, se dijo a sus adentros. 

Paula seguía caminando, mientras que en su cabeza pasaban miles de cosas: En cuanto salgas del trabajo tienes que poner una lavadora, e ir al banco, apuntarte al gym, hacer limpieza de armario. Uf que pereza.. armario otra vez no, si es que luego pierdo toda la tarde haciendo eso y acabo muerta. Las cosas que debía hacer luego se desvanecieron de su mente. Por fin viernes.

Pero este fin de semana tenía muy buena pinta, sobre todo el sábado, ya que hoy tenía una larga lista de cosas por hacer, pero sabiendo lo que iba hacer mañana se le formulo una sonrisa.

Su mente volvió a la realidad, y se había pasado la puerta de entrada del trabajo. 
Clara y Juan estaban allí abriendo la oficina.

— Hola chicos ¿Qué pinta creéis que tiene este viernes?, — Les dijo mientras que se desabrochaba los botones del abrigo.

—  Uy Paula que susto me has dado — dijo Clara dando un brinco. — Nos has dado, querrás decir . — dijo Juan. Que a su vez se le cayeron las llaves al suelo

—  Pues estamos intentando abrir la dichosa verja. Y es que no hay manera, llevamos así cinco minutos. — Dijo Juan. Pero a parte de eso, yo lo veo bien, de momento solo me he levantado pronto porque el bebé del vecino de abajo no para de llorar, luego me he quedado sin agua caliente, y encima esto. 

— Bueno pues casi casi, como yo. Que he tenido que ducharme con agua templada porque la caliente la cortaron ayer y parece ser que se les ha olvidado volverla abrir. Y para el colmo al venir de camino no me he tropezado de milagro, pero he pisado una buena caca.. —   Contesto Juan

— Se metió en medio de los dos — Bueno chicos, esto sólo acaba de empezar, sólo ha sido esas cosas y no algo más grave, y tú Clara eso de pisar ese excremento a lo mejor es que te trae algo bueno a lo largo del día. — Cuando se dieron cuenta ya estaban dentro de la oficina

— Voy a preparar té, ¿queréis uno? — dijo mirándoles a los dos, que se habían quedado parados enfrente de la puerta.

— ¿Pero cómo? ¿Qué has hecho? — le dijo Juan dejando las llaves en la caja que había detrás de la puerta de entrada. — “Sii” — dijeron los dos compañeros a la vez

— Estabais abriendo con otra llave, si os fijas no es la misma. — Colocó tres tazas encima de la encimera, tres cucharas y el azúcar

Sirvió el agua en las tazas, mientras que encendía el ordenador, las dos impresoras que se encontraban a los laterales del pasillo y abría un poco la ventana que se encontraba a su derecha, los tés ya no estaban tan calientes. Sólo quedaba el de Paula por ir a recoger.


Una vez sentados, se pusieron a trabajar. Clara se ocupada de hacer las cuentas, de ver los informes que Juan le daba para revisar e imprimir y otros tantos papeles que tenía pendientes desde hace semanas. Paula se encargaba de ver los emails de los clientes y hacer los trabajos de diseño gráfico y cuando estaban hechos los imprimía y quedaba con ellos personalmente en frente de la oficina, donde había una pequeña cafetería, para que el cliente les diese el visto bueno y poder llevar a cabo el resto del trabajo. Hacer las cuentas y pasárselo a su compañera. Juan hacia trabajos en 3D y cuando era necesario limpiaba las impresoras. Aunque también era el manitas, puesto que siempre que se estropeaba algo el lo arreglaba.


A los tres se les notaba muy cansados, apenas se habían levantado de la silla, Juan se levanto y fue a la calle a fumar un cigarro, seguidamente se levanto Clara y fue al baño a asearse. Paula, por su parte, estiro las piernas debajo de la mesa, y despacio se levanto de aquella silla. Cuando lo hizo miro hacia arriba para estirar el cuello, se dio cuenta de la hora que era.


—  Clara, nos hemos concentrado tanto que se nos ha pasado el tiempo volando.  —  La dijo mientras estiraba las piernas bajo la mesa

—  No será para tanto. — respondió mientras que salia del baño

—  Bueno si para ti, “tanto” no es más de tres cuartos de hora. Aunque si quieres, siempre te puedes quedar aquí más tiempo.

—  Ja ja ja, que graciosa. No en serio, ¿cuanto ha pasado? — 

—  Chicas, hay uno que ya se va, es decir yo. No sé vosotras, pero yo he quedado para comer a las dos y media, cosa que ya ha pasado — Abrió la puerta de entrada y antes de cerrar, dijo. — Así que me voy ya. El lunes os veo. 

—  Pero que tarde, como es que no nos hemos dado cuenta. — cogió el abrigo y el bolso — bueno yo me voy pitando, que tengo que ir acompañar a mi madre al médico. Sé que irme así tan rápido no es propio de mi, pero me harías un gran favor si te encargas tu de que este todo cerrado y apagado. 

—  No te preocupes, yo me encargo, vete tranquila. — Le dijo Paula despidiéndose con la mano

Paula también tenía prisa por ir a comer, pero ahora lo primordial era dejar la oficina tal cual se la había encontrado. Reviso su trabajo y guardo varias copias, uno en su pendrive rosa que siempre llevaba encima y otro en el disco duro de la oficina, ella era así, preferiría guardarlo en varios sitios que solo tener una de ellas, que luego por lo que sea hay que formatear el ordenador o no se encuentra el archivo y todo el trabajo se va al garete.
Fue apagando todo, cerro la ventana, reviso toda la oficina por si le quedaba algo encendido, pero no, todo estaba correcto. Cogió sus pertenencias, cerró la puerta y cuando bajo la verja puso el candado.

Fue a la acera de enfrente para coger el bus que le dejaba a una manzana de su casa.
Estaba tan cansada que no tenía muchas ganas de ir andando. En la tercera parada se bajo y en cuanto llego al piso, se dio una ducha ligera, se preparo un bocadillo, una ensalada y se fue directa a la cama. Cuando despertó, eran las cinco, buena hora para hacer ejercicio, dijo a sus adentros. Se puso el chándal, y se llevo una riñonera para llevar lo imprescindible para ir a correr.
En cuanto salió del portal, puso a reproducir la música de Beret que tenía guardado en el móvil y empezó a correr.

Se paro en una fuente, miro a su alrededor y se encontraba en un parque infantil. Después de beber agua, volvió a casa por otro camino. Tenía vía libre, no había mucha gente paseando, se abrocho bien las zapatillas y se preparo para correr. Al principio le costaba correr una pequeña cuesta, pero luego todo era cuesta abajo, y en unos minutos ya estaba cerca de casa. Cuando llego al portal había un hombre que estaba a unos pasos de su portal. Se seco el sudor con un clines que tenía en la mano. Ese chico le sonaba de algo, pero ahora mismo no sabía de que. Abrió la puerta y decidió subir las escaleras en puntillas.


En cuanto entro se fue a la ventana y cuidadosamente miro hacia abajo, el hombre seguía allí, cogió unos prismáticos que tenía encima de la estantería y volvió a mirarle, pero no le dio tiempo ya que el hombre la miro a ella, y tuvo que esconderse entre las cortinas. Entro al baño y se lavo de pies a cabeza. Al salir se lo seco con la toalla. Cuando quiso leer 'los vigilantes del faro' ya era de noche, pero antes, cogió unas frambuesas de la nevera, encendió la lampara y siguió leyendo por donde lo había dejado.

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