martes, 16 de mayo de 2017

Huellas



Quiero saber si una de estás pisadas son tuyas
o sólo has pasado por aquí y has dejado tu fragancia mezclada con el aire
que se asoma cada mañana en mi ventana.

Si lo fuesen, me gustaría cruzarme contigo de nuevo,
y si no lo son, espero que con el tiempo nuestros caminos se vuelvan a cruzar.

Quiero que seas tú el que me habrá el alma y 
encuentre todo lo maravilloso que yo no he podido ver en años.

Alguien que no se canse nunca de verme. 
Alguien que sepa guardar los secretos jamás contados.

Alguien que me de los buenos días, a pesar de que sean malos.

Que esté porque quiere y me quiera,
no porque debe.

Alguien que no tenga que consultar su agenda para poder verme.
Alguien que me abrace y me bese los miedos.

Que nunca se despida porque irse no es su juego favorito.

Alguien que me sujete la mano sin agobiarse.
Alguien que le guste mi cursilería y no se avergüence de las muestras de afecto.

Quiero que seas la clase de persona auténtica
que marca un antes y un después en la vida,
que llega con un soplo de aire fresco y que, si se van,
permanecen como huella indeleble.

Quiero que dejes huellas en mí,
de todos los tipos,
de todas las clases,
grandes o pequeñas,
pero sobre todo, que sean tuyas.


Tú eres una persona que ha llegado a mi vida como una bendición




PD: ciertos fragmentos del texto están escritos por Ana Barrero



lunes, 1 de mayo de 2017

Habitación 309

No sabes lo que te puedes encontrar estando una vez dentro. Lo que tampoco sabes es que estando ahí, lo peor de ti saldrá a la luz y tal vez no te mires con los mismos ojos que cuando te mirabas antes.





Tienes miedo, pero aún así debes de entrar para rescatar a Patricia
Hay un hombre muy alto que va detrás de ella. Es peligroso. El chico se baja del autobús, en frente del edificio donde se encuentra tu amiga. En cambio tú debes bajarte una después que la de él. Porqué si te reconoce estas pérdida.

Una vez bajada del autobús te escondes detrás de los coches, y ves que el chico coge de un maletero una barra de metal. 
Lo tenia todo planeado, pensaste. Al bajar la puerta del maletero, te asustas del fuerte ruido que da. Te sobresaltas y te agachas tocando el asfalto. Cierras fuertemente los ojos e intentas no respirar. Pasado un rato, abres los ojos y ves que el chico ya esta entrando por la puerta de entrada de aquel edificio misterioso. 

Tampoco comprendías que hacia tu amiga allí dentro. Lo único que sabías es que tenías que rescatarla de aquel chico. Una vez que el chico entra, corres, corres hasta llegar a la puerta. Dejas la mochila, ya que pesa mucho, y coges lo imprescindible. El móvil por si tienes que pedir ayuda, un paraguas para defenderte y una linterna. Dejas la mochila en un rincón detrás de la primera puerta de aquel edificio, sólo en esa habitación había luz. El resto todo estaba a oscuras y en silencio. No se oía nada. Ni si quiera las voces de otras personas detrás de las puertas. Daba escalofríos estar ahí sola. Respiré hondo y di el primer paso. Tenía que ser muy sigilosa para que nadie me escuchase y me preguntase que hacía allí.

Al salir de la sala de espera, me encontraba en un pasillo, a mano izquierda había dos puertas, la que estaba más cerca de mi se encontraba cerrada y la segunda estaba entreabierta, pero no había luz, pero aún así, se podía percibir que había alguien. A mano derecha se encontraban dos puertas cerradas, y al no oír nada, decidí ir hacía la derecha. Al final de la segunda puerta, cogí la linterna e ilumine la puerta, arriba a la derecha en la esquina de la puerta se encontraba una placa negra con el numero 309.

Ahí dentro se encontraría Patricia. Apoye la oreja izquierda en la puerta mientras que mi ojos se fijaban en la puerta entreabierta. Así podría ver si alguien venía. Oí hablar a Patricia, le había cambiado la voz, pero no estaba sola. Se oía una voz más aparte de la suya. Cuando estaba concentrada para ver que es lo que decían, la última puerta del pasillo se fue abriendo más, encendieron la luz y luego la apagaron. Era el chico. Se acercaba a grandes zancadas, mi respiración iba cada vez más deprisa. Rápidamente me escondí en una esquina que había pegada a la puerta. La esquina era profunda y con el pasillo tan a oscuras apenas se distinguía de que ahí pudiera haber alguien. Estaba nerviosa, pero esta vez no iba a cerrar los ojos, quería verle más de cerca, aunque fuese en la oscuridad.

Después de que el chico estuviese dentro, todas se quedaron en silencio. El chico empezó a susurrar, pero esta vez ya no podía saber de lo que estaban hablando. Volví a poner la oreja en la puerta, pero era inútil. Nada. 

Sigue vigilándola, ahora vengo —  El chico abrió la puerta y entre la oscuridad se desvaneció.

Una vez que el chico estaba fuera de la habitación y ya no se le veía en el pasillo, entré y me encontré a Patricia sentada en el suelo, estaba irreconocible, tenía puesto ropa blanca y entre las manos tenía un juguete de madera y estaba hablando con alguien que estaba espaldas a mi, tiene el cabello negro como el carbón. Una vez estando dentro, cerré la puerta con pestillo y con llave.

— Que pronto has vuelto  dijo la chica del cabello negro — pensaba que ibas a tardar más. 

Al notar que el chico no respondía, se dio la vuelta y antes de que pudiese verme, le atice con un libro pesado que había encima de una mesa. Debí darle muy fuerte porque aquella persona se cayó al suelo. No podía desaprovechar esta oportunidad para sacarle todo acerca de porque su amiga se encontraba ahí dentro, encerrada. La habitación era pequeña, las paredes eran blancas, había una cama, una mesa pequeña, varios juguetes de madera y las ventanas estaban con barrotes. 

Una vez que la chica seguía inconsciente en el suelo, le ate las manos a las patas de la mesa. Respiré hondo y a medida que iba respirando iba notando como un olor raro se metía dentro de mi cuerpo. Todo lo veía borroso. No podía mantenerme en pie.



Cuando me levante del suelo, algo dentro de mi había cambiado, pero no sabía el qué. Me acerque a Patricia,y le separe el flequillo de la cara, ella estaba confundida, no sabía que hacía allí. No me reconocía. Pero tal vez si le mostrase ciertas fotos podría volver a ser ella misma. Pero antes me tenía que ocupar de la otra chica, nunca la había visto. Cogí unas tijeras y empecé a despertarla dándole bofetones en la cara. Al final la chica abrió los ojos.

—  Despiértate maldita zorra — aquellas palabras salieron de mi boca, no reconocía mi propia voz. Había cambiado por completo.

Me gire hacia Patricia. — Tranquila, pronto estaremos fuera y te llevare a tu casa. — la lleve a la cama. — Quédate aquí, no te muevas. 

La otra chica se empezó a reír. Como no contestaba empecé a zarandearla rápidamente, no podía controlar mis actos, pero por una parte me gustaba. Era extraño. Desde que había pisado ese sitio todo era completamente extraño. Patricia estaba mirándome, sin ningún tipo de expresión en su cara.

— Eres tonta o es que te haces la loca — la grite

— No podrás salir de aquí — dijo la chica

— Eso ya lo veremos. 

La chica seguía mirándome con aquella mirada tan oscura que tenía y se volvió a reír. No aguantaba más sus risas y tanto silenio así que cogí las tijeras le abrí la boca a la fuerza y la zona afilada se la pase por encima de la lengua. 

— Sólo tienes una oportunidad más, o me dices que hace Patricia aquí encerrada y porque ha estado desaparecida durante más de un año o no querrás saber de lo que soy capaz de hacerte — le dije, mientras que su mirada cambio de expresión.

— No creo que seas capaz — dijo la chica mientras

Después de pasar la tijera por su lengua, volvió a empezar de nuevo, le daba asco meter la mano dentro de aquella boca, pero era la única forma de que hablara. Le paso la tijera dos veces a la tercera empezó a sangrar.

La chica del cabello negro, saborea su propia sangre.  De hecho seguía riéndose en mi propia cara. 
Comos seguía sin responder, empece a hacerle heridas profundas en el abdomen, y otro tipo de heridas que jamas serán desveladas. Al cabo de un rato la chica se ahogo en su propia sangre.Aún estando muerta su mirada seguía mirándome con aquella mirada maliciosa que tenía desde un principio. Me levante y la tape con la almohada. 


— Porque has hecho daño a mi amiga — dijo Patricia desde la cama.

— Cariño esta chica nunca ha sido tu amiga. Pronto estaremos fuera — la dije.


En la mesita de noche había un marco de foto y ese mismo chico estaba besando a su amiga. Era su novio. Ahora recuerdo quién es, me lo presento hace ya unos cinco años, en un cumpleaños de su amiga. Cogí el móvil y a medida que iba enseñándola fotos de ella misma, la iba contando como era ella, que es lo que hacía, quien era verdaderamente sus amigos y a que se dedicaba. Pero no se reconocía. De hecho cogió el móvil y lo tiro contra la pared.  Nunca supo como había llegado allí, ni como era antes de entrar a la habitación.

— Yo me quiero quedar aquí. — Dijo Patricia. — A ti no te conozco y no quiero que me hagan más daño.

Empece a llorar, porque finalmente había perdido a su amiga. Alguien intentaba abrir la puerta a patadas, cogí la barra de metal que se había dejado el chico, y me escondí.
Cuando el chico ya estaba dentro de la habitación, le di un fuerte golpe en la espalda con la barra, cayó al suelo, se despidió de aquella chica la que una vez fue su mejor amiga. 

— Volveré pronto, aunque creas que este lugar es bueno para ti. A donde te quiero llevar es mejor. Tendrás los mejores cuidados. Cuídate y le dio un fuerte abrazo.



El chico empezó a moverse y antes de que se levantase me dio tiempo hacer varias fotos de la habitación. Cerré la puerta y huí de aquel lugar tan siniestro. Mientras corría hacia la salida por mi rostro se derramaban lágrimas. No podía parar de llorar, pero por otra parte no podía quedarme ahí, a saber lo que podía ocurrirme.