miércoles, 24 de mayo de 2017

CAMBIOS DRÁSTICOS 2º


SEGUNDA PARTE


Cuando amaneció el ebook se había quedado sin batería, las frambuesas estaban tiradas en la colcha, pero ella había dormido fenomenal. Una vez levantada recogió la casa. Sólo le había dado tiempo a ordenar el baño y el cuarto, cuando la llamaron por el móvil, pero cuando fue a cogerlo ya había colgado, volvió a llamar, era Annie. Le estaba comunicando de que a las diez y media tenía que estar abajo. Dejo de recoger, preparo la mochila para ir al spa, y desayuno. Cuando acabo, bajo las persianas, cogió la bolsa y las llaves de casa y en nada ya estaba en la esquina del portal se su casa. Annie vivía en la comunidad de enfrente. Eran vecinas de toda la vida.


— Hola guapa — se adelanto Annie para saludarla por detrás.

Paula se sobresalto.. — Hola, ¿qué tal todo? — la saludo con dos besos

— Pues ahora que vamos a ir al spa, mejor, je je. Ya tenía ganas de darme un capricho. ¿Y tú qué tal todo, cómo te va? 

— Te cuento que no ha sido fácil. —  La agarró del brazo como hacían antes de separarse y la puso al corriente de todos los cambios.

Con todo detalle le contó todo desde el principio. Cuando estaba terminando ya se encontraban en frente de la recepción del spa. Una vez estando en los vestuarios, Paula se sorprendió al ver que su amiga se estaba cambiando delante de ella, normalmente lo hacia en otra habitación. El caso es que cuando ya estaban con el bañador y el gorro de baño puesto, fueron con las toallas y fueron a la zona del jacuzzi y allí se quedaron charlando y relajándose, cada una se puso en un chorro diferente y al mismo tiempo cerraron los ojos y dejaron que el agua que chocaba contra ellas les quitaba todo tipo de pensamientos y molestias. Más tarde se fueron a las saunas y una vez estando allí un buen rato decidieron ir a las piscinas a seguir relajándose. Annie empezó a dar largos, mientras que Paula se relajaba poniéndose boca abajo y dejando todos sus pensamientos a un lado, pudo desconectar el cuerpo entero. Un silencio inmenso se apodero de ella, y se quedo allí un largo tiempo, hasta que su amiga la despertó haciendo cosquillas en las plantas de los pies.

Hicieron unos largos y salieron de la piscina, directamente se fueron a las duchas
Cuando quisieron mirar el reloj ya era la hora de comer, y los rugidos de sus tripas empezaron a cobrar vida. 

Una vez salieron del hotel volvieron a entrar en el metro para dirigirse a casa, dejaron las cosas y se cambiaron de ropa. En un rato se volverían a ver en la esquina de abajo, para irse a comer al wok, al finalizar la comida se fueron a sus respectivas casas.

Bueno Paula me ha gustado verte y pasar un tiempo juntas — dijo Annie mientras dejaba el coche en doble fila enfrente de su portal.

— A mi también, es verdad que nos distanciamos muchas veces, pero cuando nos volvemos a encontrar es como si nunca hubiera pasado el tiempo. — recogió sus cosas y antes de salir se despidió con besos y abrazos. — Me alegra de que todo vaya bien y que nos podamos seguir viendo. — Salió del coche y se volvió a despedir con la mano.

Cuando entro en casa, cogió las llaves del coche y fue a ver a su madre. Aparco en doble fila ya que era casi imposible que allí hubiese hueco libre. Así que subió, estuvo con ella un rato y cuando volvió a coger el coche, en el reflejo de la ventana vio a un hombre acercarse a ella, apenas se le veía bien, iba con gafas de sol, Paula se puso nerviosa y entro rápidamente al coche, arranco y salió pitando de allí. Estaba nerviosa.

En cuanto llego a casa llamo a su madre por teléfono por si hubiera pasado algo. Pero gracias a Dios no fue así. Cuidadosamente miro por la ventana por si aquel hombre misterioso le había seguido, pero no había nadie que no conociese, estaba Lola la panadera paseando a su perro, Laura y Melissa las hermanas que iban a todas partes juntas a juego con sus perros de misma raza, y en una esquina a Juan su compañero de trabajo. 


— Espera. — Se dijo así misma, Juan no debería estar ahí, puesto que el vive bastante lejos. Que hará en la esquina, se pregunto así misma. Espero un rato, por si estuviese esperando a alguien, lo que si era extraño es que se quedo debajo de un toldo y estaba apuntando algo en una libreta que tenía en mano. 

Cuando levanto la vista se quedo mirando aquella ventana en la que alguien le estaba observando, ella se metió para adentro rápidamente, su respiración empezó acelerarse. No volvió asomarse más aquella tarde.

El día había pasado muy deprisa, ojala hubiera estado más tiempo en la zona del spa. Se le había echo corto. Se encontraba cansada yendo y viniendo de un sitio a otro sin apenas reposar. Esa misma tarde de sábado, se quedo en casa. Encendió el ordenador y empezó a escribir uno de sus relatos.


Oía otra respiración a parte de la suya, miro a su alrededor pero no había nadie. se quedo inmóvil aguantó su respiración, y la zona el pecho bajaba y subía rápidamente. No sabía lo que le estaba sucediendo, intentaba salir de ese callejón sin salida pero eso parecía un bucle, se encontraba en el mismo sitio una y otra vez. Se encontraba sin salida. Se paro. Respiro hondo y corrió lo más deprisa que pudo, pero algo se lo impedía, bajo la vista a sus pies, pero no los veía, cuando quería salir de las arenas movedizas ya era demasiado tarde. Pego un grito, y cuando abrió los ojos se encontraba en su cama.


Todo había sido un sueño. Fue al baño para lavarse la cara y cuando volvió a la cama no pudo conciliar el sueño. Se puso el mp3 que guardaba en la mesita de noche, y empezó a escuchar música, así por lo menos intentaba tener la mente despejada. Tampoco resulto efectivo, se quito los cascos, y se dio la vuelta. En el despertador marcaban las ocho de la mañana. Seguía sin poder cerrar los ojos. Así que decidió levantarse y prepararse el desayuno. Mientras encendía la televisión a distancia se preparo té rojo, unas tostadas, una macedonia de frutas con yogurt. Ya que no había dormido en toda la noche que por lo menos cogiese fuerzas en el desayuno. A las nueve y media salio de casa con ropa deportiva, había quedado a las once en las canchas de baloncesto del metro el Capricho.

Tenía un largo camino por delante, así que cuando llego al metro tenía pensado leer el siguiente libro el "domador de leones" de la escritora Camilla Läckberg. 
La gente entraba y salía pero Paula solo estaba atenta a lo que estaba leyendo, estaba tan interesante, que apenas se dio cuenta de que se había pasado de parada. Levanto la vista, salio del tren y cambio de anden, esta vez ya estaba atenta a la parada en la que tenía que bajarse. Guardo el ebook. Más adelante se encontró con algunos chicos del equipo de baloncesto. Cuando llegaron ya había gente en la cancha. Dejaron las mochilas y empezaron a calentar. En un rato empezarían a jugar.  

 Hola Keyser ¿qué tal? — dijo Paula mientras le pasaba el balón

 Una semana con mucho trabajo. — Lanzo y metió triple

 Vaya, que buena. Reserva algunas para el partido. — y al lanzar la bola, otras tres más iban detrás de la suya.

Bueno vamos hacer equipos. — Dijo Joaquin, era media estatura pero corría como una bala.

Varios chicos se pusieron de acuerdo. Paula era la única chica en el campo. No había mucha perdida, solo tenía que quedarse con las caras de los compañeros de su equipo. Haber si esta vez todo iba como la seda, porque en más de una ocasión se sentía completamente inútil. No daba ni una.

Hicieron cuatro equipos de tres personas. Estuvieron jugando una hora aproximadamente. Después del primer descanso, jugaron en cancha entera. Fueron a reponer fuerzas yendo a la fuente que se encontraba detrás de la cancha, en frente de un bar. Cuando ya estaban todos en la cancha hablando entre ellos, llegó María, acababa de entrar hace poco al equipo. Estaba vez jugaron en cancha entera. Dos equipos de ocho. 

El partido se alargo más de lo previsto, y cuando hicieron una pausa, muchos de ellos ya estaban recogiendo para irse.

Buen partido chicos, pero yo me tengo que ir ya que tengo comida familiar y ya llego tarde— Dijo Carlos uno de los administradores del grupo de whatsapp. 

— Espera — dijeron Keyser, Jesús y María — Nos vamos contigo. Con que nos dejes donde siempre nos vale. — Se despidieron del resto — dijo Jesús.

— Yo también me marcho — Dijo Paula, recogiendo la mochila y la botella de agua. 

Adrian, Juan y Vicente también recogieron sus pertenencias. El resto se quedaron más tiempo. 

Cuando llegaron al tren se sentaron en todo un vagón que había libre. Estaban tan cansados que no dijeron nada en todo el trayecto. Solo se despedían unos de otros cuando llegaba su parada. La última en bajarse fue Vicente, que vivía al final de la línea.
Hasta luego — dijo Paula y se despidió de Vicente y Adrian.

Cuando llego a casa se dio una ducha calentita, se quedo bajo el agua un rato, hasta quitarse todo el polvo y la suciedad que tenía en la piel. Al salir lo único que tenía ganas era de dormir, así que se echo en la cama.

Lunes. Cuando llego a su puesto de trabajo, habían revuelto los despachos, todo estaba patas arriba, los ordenadores encendidos y todos los archivadores estaban fuera de lugar, los cajones fuera de su sitio. Se echo la mano a la cabeza  Pero... pero que ha sucedido.  Se quedo con la boca abierta. Siguió oyendo unos ruidos que procedían de afuera, cuando salió seguía oyendo un ruido que procedían de la parte trasera del edificio, y vio a Juan de espaldas hablando por teléfono en otro idioma   "la pendrive è portato a casa, quindi non troverà"  ajá, de acuerdo yo me ocupo, pero no vuelvas a entrometerte más, o yo mismo hablare con el jefe. Cuando colgó la llamada, estuvo caminando un rato, para saber cual sería el siguiente movimiento. Oyó un ruido detrás suyo. Cuando se dio la vuelta no había nadie, pero debía mirar a ver quien era. Paula corrió a toda pastilla y se fue a su escritorio, estuvo organizando todo, intento no ponerse nerviosa porque eso la delataría, así que se fue al baño y se lavo la cara.

Y al salir saludo a Juan — Hola, ¿qué tal?— como si no hubiera oído nada.

— Llevas mucho tiempo aquí —dijo mientras guardaba el móvil en el bolsillo del pantalón.

— Acabo de llegar hace un minuto — mintió y para que no se le notase el cambio de voz, se sentó en la silla y se puso a organizar la mesa de Clara.


Juan fue ayudar a recoger los mismos papeles que estaba recogiendo su compañera, sus manos chocaron, y con el tacto se le cayeron los papeles. Juan la miro muy de cerca. — Lo siento, estoy nerviosa por una noticia que me han dado hace unos días y no me encuentro bien. — Espero que haya sido convincente se dijo así misma. 

Una vez organizado la mesa de Clara, se fue a su mesa, y después de encender el ordenador se puso manos a la obra.

 — Sabes sobre que hora llegará Clara hoy, tengo que hablar sobre un tema en particular. —  le dijo Juan, que seguía en la mesa de Clara. 


Le observo y su mirada buscaba algo en particular. —  Hoy no viene trabajar —  le contesto.

— ¿Y eso por que? — no quiso mostrar mucho interés, después de lo sucedido. — Bueno da igual, ya hablare con ella. — Cogió el móvil y a escondidas mando un sms.


Paula no pudo ver que es lo que realmente tramaba su compañero, pero no estaba muy convencida de si había resultado efectivo sus mentiras.

Aunque parecía mentira esa mañana le pareció corta. Cerró sesión, no podría hacer nada más al respecto, había pensado en cambiar de contraseña al servidor, pero le resultaría complicado la explicación que le tendría quedar más adelante, así que para no sospechar nada, lo dejo tal cual estaba.

Recogió su mesa y al salir de la oficina, cerro la verja. Juan se encontraba al lado de ella, y por parte de Paula se despidió de su compañero cuando estaba en la acera de enfrente. Esa acera daba la sombra y así podía ver con claridad si venía el bus. No espero mucho para cogerlo. Pronto estaría en casa.

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